Hocus Pocus

Habréis visto muchas películas que transcurrían en campos de algodón, sobre esclavos que eran vendidos y comprados como si fueran pertenencias y no personas. La esclavitud es algo bochornoso, un error del pasado que no debe ser repetido, hagamos películas en Hollywood para conmover al espectador porque está muy feo eso de mercadear con seres humanos… menos si se trata de mujeres. Con mujeres no pasa nada. No sé si recordaréis la noticia aquella en la que se descubrió que vendían esposas por internet. ¿Se sigue haciendo? Por supuesto. ¿Se hace algo al respecto? No, porque las mujeres son cosas.

No es nuevo que la mujer esté considerada como un objeto más de los muchos que hay en el mercado, ya que ha sido ‘fabricada’ para suplir las necesidades del hombre. No me extrañaría que ya mismo por la compra de una maquinilla de afeitar les regalasen una mujer en edad de merecer (si añades un paquete de pilas, puedes elegir el color del pelo).

El caso es que, como la mujer no está en el mismo nivel de derechos y necesidades que un hombre, menos miramientos aún hay que tener con su sexualidad.

Antiguamente, si una mujer lo pasaba bien en la cama era lo de menos, y llegó a ser algo ignorado en casi todas las culturas. Del clímax ya ni hablamos, ya que en periodos de gran exaltación religiosa, que una mujer tuviese un orgasmo era considerado un pecado. Pero ahí no queda eso amiga mía, porque era un pecado en relaciones heterosexuales, pero  ¿qué pasaba si una mujer llegaba a ese punto de máximo placer con otra mujer? pues la cosa se complicaba aún más; eran acusadas de brujería. ¡Toma ya! ¿Cómo te has quedao? Muerta, ¿verdad?. Pues como ellas. Bueno… ellas un poquito más.

Por el poder de tres veces tres invocamos a todos los poderes para que nos traigan ropa.

Por el poder de tres veces tres invocamos a todos los poderes del universo para que nos traigan ropa.

En los tiempos de la Inquisición, bastaba la sospecha de algún vecino para que una acusación de brujería a una o varias mujeres llegase a buen término en los Tribunales Inquisitoriales. Es decir, que si te caía mal alguien, le señalabas con el dedo gritando “¡Bruja!” y ya está, te la quitabas de en medio en un plis plas. Me imagino si eso ocurriese ahora. Se iba a enterar la señora esa que se me cuela en la frutería.

El perfil de la bruja media (agárrate que vienen curvas) era el de una señora mayor, o viuda o soltera que no tenía relación con varón alguno, que manipulaba hierbas (eso le pasa por agarrada, si hubiese compartido el porro no le habría pasado nada) y en muchos casos alimentaba a algún gato (no me lo he sacado de la manga, los pobres eran así de gilipollas). Supongo que de ahí viene la fascinación de muchas lesbianas con los gatetes. Al final va a ser verdad que somos brujas.

Si además de eso, la señora no era muy religiosa y solo se relacionaba con mujeres, se iban sumando puntos y las sospechas se iban amontonando para el resto de la comunidad.

¡Ea! Castigadas de cara a la pared.

¡Ea! Todas castigadas de cara a la pared. Menos tú que vas derechita a la chimenea.

Pero estos ignorantes tenían que darle más veracidad a unas simples acusaciones de cuatro palurdos aburridos. ¿Cómo? Pues con un libro por ejemplo. El tratado sobre hechicería más famoso es el ‘Malleus Maleficarum’, publicado en Alemania en 1486. Toda una oda a la misoginia difundida por Europa y usada en los juicios contra las supuestas brujas en el continente por cerca de 200 años.

Para que os hagáis una idea, cualquier marca en el cuerpo (un lunar, una mancha o una cicatriz en el dedo de haberse cortado pelando ajos) podía ser la prueba de que habían firmado un pacto con el diablo. Pero si algo no dejaba lugar a dudas era el llamado ‘pecado de lujuria’, es decir, si se descubría que tenían relaciones lésbicas.

Si miramos atrás, nos damos cuenta de las mentes tan enfermas que tenía la gente que escribía esta clase de cosas y no solo por los castigos que se les pasaban por la cabeza. Las acusaban de poder cambiar de apariencia física, convirtiéndose en jóvenes atrayentes y lascivas (por si acaso me la tiro, no ha sido culpa mía, es que me ha hechizado), decían que en los aquelarres realizaban rituales sexuales entre ellas y que las escobas eran artilugios imprescindibles para las brujas que a veces usaban como instrumento para introducir ungüentos raros en las partes más profundas de ya sabéis vosotras dónde (rima con otoño). La fijación por el sexo de gente tan pura de espíritu me desconcierta.

Si levitáis un poco más alto a lo mejor no os quemáis.

El truco para no quemarse consiste en levitar más alto.

Es decir, para salvarte en aquella época debías ser una mujer sumisa, casada, que no hablase con nadie, sin problemas de piel, que rezara mucho y que no alimentase a ningún gato. De lo contrario tenías todas las papeletas de ser quemada en la hoguera, ahorcada, ahogada o arrojada desde un peñasco. Mejor quedarse en casa limpiando los platos ¿no?

Tras los famosos Juicios de Salem, donde más de 150 personas fueron acusadas de brujería, y unas 15 mujeres terminaron siendo ahorcadas por una turba descerebrada, los propios perseguidores acabaron afirmando que se habían dejado llevar por la histeria religiosa y el error. ¡Ups! Cosas que pasan, que te pones a matar y no sabes cuando parar.

En fin que, bolleras mías, desempolvad vuestros libros de magia oscura, preparad vuestras escobas y comprad muchas latas de Whiskas para el gato porque nos vamos a montar un aquelarre que vamos a arreglar el mundo a golpe de maleficio.

Empecemos por aquí.

Esta entrada fue publicada en Curiosidades. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Hocus Pocus

  1. the hunger dijo:

    Pues en esta época si has nacido en Uganda, por poner un ejemplo, no te va mucho mejor…mejor empezar ese aquelarre cuanto antes

  2. Juli Gan dijo:

    Una mujer libre sin nadie que la domine, que no tenga miedo de nada y que tenga la absoluta libertad para hacer lo que se le antoje…Y que, como guinda, sepa muchas cosas, era una amenaza. Esas eran la brujas. Mujeres libres. Libres de mente y espíritu (La iglesia no tenía acceso a ellas)y libres de su cuerpo y su sexualidad (Los hombres no podían dominarlas). Si las demás mujeres las imitaban ¿Cómo iban ellos a enfrentarse contra mujeres no temerosas de Dios y el hombre? Se acabaría su dominio. Ya está, se les acusa de brujería y a la hoguera.

    Y ya, de paso, queda el nombre de bruja para asustar a los niños (Las nuevas generaciones tiene que aprender sus límites) y para tachar a mujeres peligrosas por su talento.

    Antes que Salem, el auto de fe de Logroño (1610) o los de Senpere, con el inquisidor Pierre de Lancre a la cabeza (1609). En ambos casos se trata de brujas de la misma zona pirenaica, solo que son autoridades de 2 Estados diferentes las que las juzgan. Las fronteras poíticas no siempre son igual que las culturales.

    Hablando de cine y del tema: http://labasquebondissante.blogspot.com.es/2013/10/las-brujas-de-zugarramurdi-sexo-drogas.html

  3. littleparrot dijo:

    the hunger,

    Queda patente que, por muchos años que pasen, el ser humano sigue comportándose como un borrego descerebrado que no sabe más que obedecer a un poder superior y no duda en hacer bestialidades en su nombre.

    Me fascina esa gente tan valiente que ataca en grupo sabiendo de antemano que la víctima no se va a poder defender. Estoy segura de que si hubiera una mínima posibilidad de respuesta a ese ataque se lo pensarían dos veces.

    Para concluir; qué asco da tó!

  4. littleparrot dijo:

    Juli Gan,

    Supongo que lo perfecto era tener una mujer en casa, que cuidara de los hijos, que cocinara bien, que limpiara y todas esas cositas que van incluidas en el pack de buena esposa. En cuanto aparecía alguna muestra de pensamiento propio se asustaban mucho, no fuera a ser que tuviera razón y él quedara como un tonto. Además podía envenenar la mente de los hijos a los que solo ella cuidaba. La cosa es que si aplastas a la mosca, fijo que deja de molestar.

    Sobre la película, no creo que Alex de la Iglesia se haya preocupado demasiado por buscar la base histórica de ese tema. Ha hecho una película de su estilo, pero nada más. A las brujas hay que afearlas, tienen que comer cosas asquerosas y comportarse como sociópatas. De otro modo, la definición de bruja no tendría connotaciones tan negativas.

  5. pandemonium dijo:

    Los procesos por brujería son una forma más de feminicidio.
    A los ya famosos de Salem y Zugarramurdi, si me lo permites, me gustaría añadir que recientemente se ha descubierto otro que los supera en número, (24 mujeres quemadas en la hoguera), y que tuvo lugar en Laspaúles (Alto Aragón), zona popularmente brujeril.
    Y, claro está, esto no lo recogen los textos que trataron en su momento sobre la Inquisición española.
    Todo ello se detalla en el libro “La mala semilla” de Carlos Garcés; el título es ya de por sí lo suficientemente significativo, así es como se llamaba a las últimas que se condenaron.

    Entre los siglos XV y XVII, en el Valle de Tena y Pirineo central, territorio privilegiado por la Naturaleza, hay constancia de que unas 120 mujeres acusadas de ejercer la brujería, (la denuncia anónima era algo habitual…), fueron torturadas y ejecutadas. Pero es fácil pensar que el número real fue mucho mayor.

  6. littleparrot dijo:

    pandemonium,

    Horroroso todo. Que una sola mujer haya muerto por algo tan fantasioso como que era una bruja es ya dramático.

    Tiene que haber alguna razón por la que una mujer con poder, o simplemente voz propia, asusta tanto a la gente. Como el odio por sí mismo está mal visto, buscaban (y buscan) cualquier excusa para justificar el ataque y asesinato por inverosímil que fuera. “No la mato porque sea una mujer, la mato porque es una bruja”. Lo peor es que estos actos estuviesen justificados con libros, arropados por la religión y ampliamente aceptados por la propia sociedad.

  7. Pingback: La fase de los porqués | Los Misterios de Little Parrot

  8. Pingback: Reciclando ‘The Craft’ | Los Misterios de Little Parrot

Los comentarios están cerrados.